Reformas Constitucionales
EL ESTADO DE ANARQUÍA ANIQUILANTE
Dr. Mario David García
Tan solo ayer expusimos la febril
sucesión de violaciones legales que se han producido en las últimas semanas en
tribunales y Cortes y en otros ámbitos de la administración pública. Mucho de
esto incluido como parte del impulso de las reformas constitucionales, a cuyos
promotores les interesa exponer “la crisis del sector justicia”, que ellos
mismos han patrocinado.
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| Palacio de la Justicia y Torre de Tribunales. |
Más tardamos en escribir esto de la
agudización del irrespeto constitucional, que incrementa la fragilidad del
orden legal, que se agregaran más casos a la lista de atrocidades contra la
convivencia comúnque se cometen.
En efecto, se suma ahora el inicio de
las operaciones de la Terminal de Contenedores Quetzal (TCQ) cuyo contrato con
la Empresa Portuaria Quetzal (EPQ) fue un escándalo de corrupción, que ameritó
una intervención ordenada por la Presidencia de la República, (resulta absurdo
que el Gobierno se intervenga a sí mismo, pero que puede esperarse en el reino
de la estulticia).
Oficialmente se afirmó que el
negocio era producto de la corrupción y el propio Ministerio Público (MP)
solicitó al juez de Extinción de Dominio la intervención y secuestro de bienes
y acciones de la empresa portuaria. La Contraloría General de Cuentas, por su
parte, dictaminó que debía declararse nulo el contrato.
Dos normas del Código Civil
resultan atingentes, aunque no fueron aplicadas: El artículo 1302, que dice:
“La nulidad puede ser declarada de oficio por el juez cuando resulte
manifiesta. Puede también ser alegada por los que tengan interés o por el
Ministerio Público.” Y el siguiente, el artículo 1303 que prescribe: “El
negocio jurídico es anulable: (…),2°. Por vicios del consentimiento.”
Un negocio jurídico en el que medió
un soborno, como se escandalizó hace nueve meses, expone un vicio de
consentimiento, por cuanto no se trató de la voluntad sana del Estado (el
contrato fue suscrito por el estímulo de una “mordida”). Se dice, en estos
casos, que la voluntad estuvo corrompida, viciada lo que hace anulable el negocio
jurídico, sin ninguna duda y sin menoscabo de acciones penales contra los
contratantes.
Lo peor de lo que vivimos en
Guatemala estos días es que se están volviendo costumbre las monstruosas
violaciones a la ley. Si un contrato esta colmado de vicios es anulable y si no
se anula, se comete una segunda irregularidad. Es jurídicamente imposible
validar el funcionamiento de una terminal de contenedores, en estas
circunstancias.
La prórroga del contrato para la
impresión de Documentos Personales de Identificación
(DPI) entre el Renap y la empresa Easy Marketing, es un segundo caso, que
demuestra que aquí cualquiera con poder, hace lo que quiere.
El estado de anarquía reinante en
nuestro país recuerda a Kant, en “La Paz Perpetua”. Dijo que, hasta un pueblo
de demonios, es decir hasta una población de ladrones, que no entiende de
derecho, necesitaría normas de convivencia para proteger su patrimonio.

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