Reformas Constitucionales
LA INMORALIDAD QUE SUBSISTE
Dr. Mario David García
La reforma constitucional que ha
sido presentada al Congreso, debeserdefinitivamente rechazada por anodina y
perniciosa, lo que la lleva a ser inconstitucional. Además, se pretende a
través del cambio, dominar un organismo de gobierno que, una vez controlado por
los patrocinadores de la reforma, sometería fácilmente a los otros poderes
gubernamentales, destruyendo la estructura republicana del Estado.
La estrategia es vieja. A finales
del siglo pasado, esgrimiendo la lucha contra la corrupción, y aprovechando el
hartazgo popular de la repugnante política, en Venezuela se estableció un
régimen marxista que deshizo en pocos años al país, en medio del paroxismo y
delirio de los intelectuales “progresistas”.
Aquí, la maniobra fue copiada. La
reforma constitucional se ha incluido como parte de la gran cruzada por la
moral pública, a pesar que se trata de indecorosas propuestas y que sus
promotores no han dudado en recurrir a la coacción, las mentiras, amenazas,
agresiones verbales y hasta la extorsión -formas nada éticas de conducta- para
lograr su objetivo.
La presión ha sido muy fuerte
sobre los diputados. En particular de parte de quienes comparten el monopolio
de la persecución penal, que son los empeñados enla aprobación de las
modificaciones a la Constitución. Un congresista, Eduardo Zachrisson dijo que
“hubo varias reuniones en las que el presidente del Congreso nos invitó a
hablar sobre las enmiendas. Incluso se discutieron en la sede de CICIG (…).”
En los últimos meses dignatarios
y funcionarios públicos han incrementado la insolente comisión de delitos en
sus diferentes esferas de responsabilidad. Los mismos diputados, avanzando en
un proceso sesgado de enmiendas constitucionales sin el rigoroso cumplimiento
de la Constitución y la ley. La Corte de Constitucionalidad emitiendo fallos
sin la observancia y sometimiento a la Constitución, cuya obediencia y
protección es la única razón de su existencia. La Corte Suprema de Justicia,
cumpliendo órdenes manifiestamente ilegales, que la colocó en contubernio y
colusión con las oscuras fuerzas promotoras de la crisis.
Incluso el propio y atribulado
Presidente de la República, con sus temores, vacilaciones y problemas de familia,
ha desatendido el juramento de su toma de posesión que no es más que el
acatamiento y defensa del orden constitucional, base de
su mandato.
Es necesario entonces imponer el orden.
Desechando la pretensión de mantener en el neolítico a guatemaltecos indígenas
que, como todos, deben ser respetados en sus derechos fundamentales y el acceso
a un futuro de modernidad que signifique su pleno bienestar social, económico,
político y, en suma, humano. Repudiando la conversión de la Corte de
Constitucionalidad y su adlátere, el Organismo Judicial en un feudo totalitario
desde el que se reconfigure al Estado guatemalteco, con un modelo que
ruidosamente ha fracasado en otros países.
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