Reformas Constitucionales
ADECENTAR AL PAÍS
Dr. Mario David García
A través de la Corte de
Constitucionalidad, Guatemala parece empeñada en destrozar el hasta antes muy
precario Estado Constitucional. Una de las consecuencias concretas de sus
sentencias, pulveriza la capacidad nacional de generación eléctrica, mediante
la utilización de recursos hídricos. Obvio es que también contribuyen las
comunidades del interior, que exigen electricidad barata, pero que no se las
cobren; y que además protestan por mandato
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| Actualmente, la electricidad llega al 9.5% del consumo nacional. Sin las hidroeléctricas, su costo se incrementa 400%. Fuente: Mercado Mayorista, Comisión Nacional de Energía Eléctrica. |
expreso de ONG’s pagadas desde el extranjero. A este cóctel se sumó el propio gobierno que ofreció un subsidio por casi mil millones de quetzales, que deberemos pagar todos los guatemaltecos, por la vía de impuestos o del abyecto endeudamiento público.
Como telón de fondo, la obcecada
insistencia en modificar la Constitución con el grotesco y falaz argumento de
que se combate la corrupción y se promueve la paz social. Cínica mentira que
oculta cambios que son, sin más, una total aberración y que han sido planteados
en una suicida combinación de destructiva ignorancia jurídica y de un delirante
populismo fascista.
Efectivamente, es necesario
formular cambios a la Constitución para hacerla más coherente y sistémica.
Cambios del tipo de fijación jurídica de las fronteras nacionales; de la
determinación del lugar del poder municipal en la división de poderes; del
retorno a la preeminencia de un Tribunal Superior. De la forma en elegir a
magistrados de Cortes; del número de integrantes del Congreso que hoy representan,
en mitad, a niños porque han sido electos por cada 80 mil “habitantes” y no por
ciudadanos mayores de 18 años.
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| Emperador Justiniano fue el primer impulsor de la codificación de todo el cuerpo legal romano iniciado en 528 d.C. |
Pero también son urgentes
cambios en la normativa ordinaria. Hay que retomar la tarea codificadora y
terminar con la enfermiza dispersión de leyes; hay que penalizar el gasto
público para que no sea mayor que la recaudación impositiva. Hay que concretar
una política demográfica para detener la angustiosa creación de miseria. Pero,
sobre todo, hay que empezar a conocer y cumplir la Constitución, promoviendo el
establecimiento de penas severas por su irrespeto y violación.
Pero volviendo a los
cambios en la Constitución, habría que enmendar
modestias, como aquella que llevó a sus redactores a copiar todo lo que
pudieron de la española, incluyendo la institución del Tribunal Constitucional
que aquí ha sido integrado, con frecuencia, hasta por personas que no entienden
la materia.
Originariamente, el
tribunal constitucional fue concebido como una cámara alta legislativa negativa, que tuviera control de la
constitucionalidad de las leyes. La tarea legislativa negativa se refiere no a
la formulación de leyes sino, por el contrario, a la expulsión del ordenamiento
vigente de aquellas normas que contrarían a la Constitución.
Hay, pues, mucho trabajo
para adecentar al país y mucho que modificar en búsqueda de hacer eficiente al
Estado. Pero lo pendiente por realizar no pasa por aprobar las antojadizas reformas
constitucionales propuestas.


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