Reformas Constitucionales
POR LA VIDA Y LA LEY
Dr. Mario David García
En medio de la bulla mediática,
continuidad natural en nuestro país de una tragedia previsible y prevista, en
la que murió quemada una cuarentena de jóvenes mujeres, fue difundida una noticia.
Triste, vergonzosa, deprimente, capaz de eclipsar el abatimiento por el siniestro
que ha sido tema nacional de la última semana.
Ángel Julajuj, desde Sololá
informó para un diario, en efecto, que una recién nacida había sido localizada
muerta en un barranco de Santa Catarina Ixtahuacán, en el departamento del lago
más hermoso del mundo.
Según el reporte, agentes de la
PNC habían comprobado que la bebé fue rechazada por su progenitora y a causa de
esto, había sido estrangulada hasta morir. En medio de la mediocridad del
debate de nuestros asuntos colectivos, no puede uno dejar de pensar en cuál
sería el castigo ancestral para la responsable de un asesinato de ésta índole.
Pero vayamos despacio. Hechos
deplorables como éste, ¿sólo ocurren en Guatemala? ¡Por supuesto que no! Allá
donde haya vida, podrán producirse hechos que de alguna forma son connaturales
al ser humano. Lo que sí es nuestro, intransferible, por lo tanto, inalienable,
es que somos únicos en dormir con los mismos problemas por siglos y que cuando
hacen crisis, gritamos, protestamos, exigimos…y pasado el furor del momento no
hacemos nada, para que todo siga igual. O peor, si por acaso traspasamos
insólitamente la frontera de la acción y ponemos manos a la obra con soluciones
ruidosamente peores que el problema que quisimos solucionar.
El drama de la bebé asesinada,
por estremecedor que sea, si consigue una gran difusión, alimentaría el fuego
de la indignación popular. Al igual que el incendio de la semana pasada. Total,
en tanto haya una fatalidad como la del irónico Hogar Seguro, pronosticable
resultan los golpes de pecho, las preocupaciones fugaces, los ropajes
desgarrados, los protagonismos cínicos e hipócritas aullidos de dolor.
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| Castración química, ¿cómo funciona? |
Es difícil discernir que es peor:
si la ignorancia o la infamia, si la corrupción o la estupidez. Pero en tanto
decidimos habrá que insistir. Es urgente formular una política demográfica para
Guatemala.
Es impostergable rehacer la
regulación de las adopciones. Es importante penalizar la preñez de niñas menores
de catorce años e imponer castigos como la castración de los responsables, que
total como sea que nuestros tribunales son nada confiables, ningún juez podría
sentenciar a un inocente si se cuenta con la prueba de ADN.
Debemos respetar a la mujer,
aceptar el dominio que solo ella puede tener sobre su cuerpo y acatar su
decisión si quiere o no ser madre. Todo esto, acompañado del abandono de la
mojigatería que impide una temprana educación sexual de todos los niños para ir
creando conocimiento y consciencia de lo que es estar vivo.


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