Reformas Constitucionales
DEMASIADOS ABOGADOS
Dr. Mario David García
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| Piero Calamandrei 1889 - 1956 |
Bajo ese título, Demasiados abogados, Piero Calamandrei publicó
hace casi cien años una obra en la que trataba la crisis italiana de moralidad
pública. Hace poco, la obra fue reeditada en España. Resulta interesante su
lectura en Guatemala, donde se realiza una pretendida cruzada de moralidad
pública, persiguiendo la corrupción y a los corruptos…de un solo bando. Como si
la podredumbre no fuera un fenómeno extendido y generalizado.
En ese sentido, quizás lo más
dramático es la cantidad de sinvergüenzas y corruptos que ven los
acontecimientos desde el balcón, exigen reformas constitucionales y aplauden la
persecución que no les alcanza, porque ha sido diseñada para cualquiera, menos para
los camaradas entrañables de los aplaudidos paladines de la justicia.
Es una costumbre ancestral, por
cierto, la creencia corrupta de que cualquiera puede realizar cualquier tarea,
por especializada, ética o difícil que sea. Que nada es importante, que las leyes
son para no cumplirlas y que la Constitución es un adorno.
Cuando se instituyeron las
Comisiones de Postulación para magistrados de Cortes de Justicia, se creyó
ingenuamente que haciendo partícipes a Rectores y Decanos de Facultades de
Derecho se conseguiría un responsable resultado. Se omitió la precariedad de
nuestros estudios superiores y lo que pasó es bien conocido: proliferaron las
Facultades de Derecho. Fue estimulado el crecimiento del número de abogados,
con la secuela de su mediocridad e inmoralidad. Y de paso se politizó la
academia.
Calamandrei dio fe, en 1921, que la
abogacía era multitudinaria, mediocre e inmoral y evaluó sus nefastas
consecuencias nacionales. El célebre jurista observó, la decadencia intelectual y moral de la abogacía (…) está en la íntima
relación con el excesivo número de profesionales (…). El problema viene a ser,
por tanto, un problema de educación. Las causas inmediatas (…) hay que
buscarlas aparte del general decaimiento de la enseñanza media (y primaria), en la excesiva facilidad con que los
jóvenes (…) logran licenciarse en derecho y luego ingresar en el ejercicio
profesional. Para llevar a los estudios universitarios aquella seriedad y
aquella disciplina de que hoy carecen, es necesario no solo disminuir el número
de facultades de derecho y hacer más difícil el acceso a ellas, si no, sobre
todo, llevar a las aulas el fervor por el estudio, haciendo eficaz la función
didáctica de los profesores (…) y cuidando de acabar con la tradicional “jauja
universitaria”, que en las facultades de derecho ha tenido hasta ahora su
asiento favorito (…) Si no se puede conseguir que la practica forense sea ante
todo una escuela de moralidad profesional, es mejor suprimirla.
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| Congreso, Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala, 2013. |


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